No le temas a la adolescencia, aprende a lidiar con ella.
Como cada sábado, el despertador permanece apagado; en casa se respira un ambiente de calma, hasta que escuchas a tu mamá gritar: “¡Bajen a desayunar!”, entonces, de un brinco sales de la cama y al llegar al baño te miras de reojo al espejo, “¡no puede ser!”, “¿qué onda conmigo?”, “mis caderas están más anchas y mis pechos más grandes”. Y claro, te surge la duda de si a tus friends les pasa lo mismo, también has notado que unos días estás supercontenta y otros prefieres encerrarte en tu cuarto. Todas estas preguntas y sensaciones son normales, ¡no te aflijas!, solo es cuestión de entender y aceptar los cambios que trae consigo esta nueva etapa.
¿A QUIÉN ACUDIR?
Probablemente…
