Desde hace más de seis años, Toñita libra una dura batalla contra la ansiedad y la depresión. Afortunadamente, gracias a terapias psicológicas, medicamentos y sobre todo a su buena actitud, ha salido adelante. “Tuve una niñez muy complicada y todavía hay estragos, pero voy bien. Soy de las personas que pueden caerse y estar destruida un rato, pero me levanto más fuerte. Así me zarandeen y me hagan lo que hagan, salgo siempre avante; no sé de dónde saco fuerza, pero me levanto agradeciendo a Dios por un día más”.
Pese a enfrentar momentos difíciles, la veracruzana nunca cayó en adicciones, aunque el alcoholismo de su padre, Salvador Salazar, sí ha repercutido en su vida. “Cometió muchos errores… No soy quien para juzgarlo, lo respeto, pero como hija me afectó…
