Los templos de Angkor simbolizan el cénit de la espiritualidad camboyana, el paraíso esculpido en la Tierra para su rey-dios, una obra cumbre del arte hindú, cuya memoria eterna fue cincelada en la roca por un ejército de miniaturistas, que aunaron devoción e imaginación para crear un conjunto de inigualable belleza.
Es imposible permanecer inmune al embrujo, el misterio y la calidez que desprenden las doscientas sonrisas del templo de Bayón. Dibujadas en labios de piedra –a diferencia de la de La Gioconda, pintada tres siglos más tarde por Leonardo da Vinci–, iluminan enormes rostros serenos, de ojos y cejas oblicuos, que te observan desde los cuatro puntos cardinales de las 54 torres de estilo barroco jemer. Representan tanto a Avalokiteshvara, el buda de la compasión, como a Jayavarman VII,…