En el corazón de Oriente Medio, Jordania es un país más antiguo que la memoria, bautizado en honor a un río bíblico y bordado con fortalezas de reinos desaparecidos, esculpidas en la fina arenisca del desierto. Una tierra de hospitalidad legendaria.
De los caminos ambarinos que describe la luz en Petra a la atmósfera sofisticada de Amán, la capital, Jordania condensa una magia diversa, magistralmente disimulada por su posición geográfica. Lo que podría haber sido un monótono y raso desierto esplende, aquí y allá, de prodigios. Como si hubieran ensamblado un mapa del tesoro a consciencia, bizantinos y nabateos, cruzados y otomanos, sedimentaron cada uno su influencia –anfiteatros, mezquitas, templos o fortificaciones– a lo largo de antiguas rutas caravaneras.
Amán es el inicio de un viaje que, tras explorar las…