Es una de las islas más bellas del Mediterráneo, y no solo por sus calas arrulladas entre pinos y sus colinas cuarteadas por muretes. Menorca es un estado de ánimo, alegre y pausado, que impregna de pies a cabeza.
De Menorca conocemos las playas deslumbrantes, el Camí de Cavalls que pespuntea la costa, las fiestas estivales y sus exhibiciones de caballos, los milenarios talayots, los faros que vigilan desde acantilados y, por supuesto, los quesos, los embutidos y la ginebra. Sin embargo, en sus tan solo 53 km de ancho por 19 de largo, esta isla balear atesora muchos otros atractivos que la hacen, posiblemente, uno de los enclaves mediterráneos con más encanto paisajístico y cultural. Por eso, Menorca hay que visitarla en invierno y en verano, para percibir los…