Desde el monasterio benedictino de Sant Pere de Roda, el Empordà extiende una de sus vistas más memorables, una panorámica que fascina por su armonía entre el cielo, la tierra y el mar.
El conjunto románico, principal centro espiritual del condado de Empúries del siglo xi al xiv, se asoma a los cuatro puntos cardinales desde lo alto de su campanario. Al norte vemos la cordillera pirenaica casi al alcance de la mano y, al sur, el infinito llano del Empordà. Al este, la inmensidad silente del mar, y al oeste, las brumas que ya indican el paso a otros mundos.
Tierra de continuidades, con sustratos megalíticos, íberos, griegos, romanos y medievales, esta extensa y variada comarca gerundense siempre se glosó en clave admirativa. Y así sigue siendo. Basta con…