Pierre de Castillon, señor de Aubeterre en el siglo XII, regresó de las Cruzadas con la idea de construir bajo su castillo una iglesia como las que había encontrado en la región turca de Capadocia. Antes de partir hacia Tierra Santa, Castillon impulsó la iglesia de St-Emilion –en Gironde, a 60 km–, también tallada en la roca, pero esta vez aplicó la técnica del vaciado y excavó de arriba hacia abajo, menos peligroso. Además, el vizconde se aseguró de que, a diferencia de la otra, Saint-Jean de Aubeterre no dependiera de congregación monacal alguna.
Casi mil años después, la obra de Castillon es una maravilla escondida bajo las faldas de un acantilado blanco. Nada permite imaginar que tras la sencilla puerta de acceso se abre una sala de 20 m…
