Espacio, luz y elegancia. Sobre esta base arquitectónica surgieron las galerías comerciales cubiertas en las grandes ciudades europeas del siglo XIX. Con su innovadora estructura de hierro, techos de vidrio y suelos de mosaicos, estos pasajes encarnaban la modernidad y el gusto de una época en plena ebullición política, artística, industrial y tecnológica. En sus plazoletas con cafés y avenidas flanqueadas de escaparates con lo último en moda y joyas, las clases altas no solo compraban sino que aprovechaban para pasear y dejarse ver.
Más de 150 años después, aquellos incipientes centros comerciales forman parte del patrimonio art nouveau, novecentista o constructivista de París, Londres, Bruselas –quedan tres de las siete galerías que tuvo–, Praga –conserva media docena– o Moscú. En España hay tres fantásticas: en Valladolid, Albacete y Zaragoza.…