El próximo mes de octubre se cumplirán siete años desde que ETA anunció el abandono definitivo de la violencia, del día en que la banda terrorista decidió reconocer su derrota, sin haber alcanzado ninguno de sus objetivos. Lo hizo porque no tenía otra salida: acosada por las fuerzas de seguridad y aislada social y políticamente, se vio obligada a poner fin a décadas de violencia y muerte. A partir de ese momento desapareció prácticamente de nuestras vidas. La sociedad española, y la sociedad vasca en particular, han olvidado el terrorismo de ETA con la rapidez explicable de quien desea pasar una página dramática de nuestra historia. Paradójicamente, esta sensación, muy extendida, coexiste con otra, minoritaria, pero que también se encuentra y que defiende justo lo contrario: que ETA sigue viva,…