De nuevo me encuentro defendiendo la postura más incómoda entre los críticos, y la verdad es que andamos cómodos en el papel, porque creo que en esta ocasión el público, la audiencia soberana, está conmigo. Al menos el público al que va destinada Into the Woods, que sabe muy bien dónde se mete y lo que espera de la película, algo en lo que parece que muchas veces nos confundimos nosotros. Así que por ellos, que son los que pagan y mandan, es un placer defender Into the Woods como lo que es: una revisión a través del tamiz Disney de un musical de Stephen Sondheim que pervertía varios cuentos y personajes clásicos para darles una pátina de sátira, de sarcasmo y con elementos bastante siniestros, algunos de los cuales…
