Recuerdo, allá por la época de principios de los 2000, cómo esa maravillosa trilogía dirigida por Peter Jackson revolucionó la industria por unos buenos años. Sí, hablo de El señor de los anillos. Y la revolucionó en un sentido muy parecido al que estamos viviendo hoy con Juego de tronos, pues al fin y al cabo Hollywood y todo lo cinematográfico resulta siempre un tanto previsible. Todos querían conseguir su propia saga de fantasía medieval, su propia Tierra Media, su próximo rey de la taquilla. Así, salieron a la luz adaptaciones como Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario (2005), Eragon (2006) o incluso nuevas sagas de fantasía juvenil que se crearon en otras artes, como Memorias de Idhún, lanzada en 2004 y escrita por Laura…
