Hablar con Marco Lamoyi es entrar en un territorio donde el tiempo no avanza en línea recta. Su discurso se construye por capas, como su obra: memoria familiar, desplazamientos geográficos, pensamiento crítico y una relación profunda con la materia. Desde su primera exposición en 1981, Lamoyi ha sostenido una práctica que no busca respuestas inmediatas, sino comprensión. Una obra que no se impone, pero que exige presencia.
Para Lamoyi, la identidad no es un concepto fijo ni un gesto nostálgico. Es una estratificación de pertenencias que se acumulan y dialogan. Su infancia en Tabasco, marcada por el trópico, la vegetación exuberante y los vestigios olmecas; los veranos en el Istmo de Tehuantepec, rodeado de textiles, rituales y una conciencia viva de lo ancestral; y, más tarde, la irrupción abrupta del…