Me está pasando lo mismo que a Antonio Machado cuando escribió el poema A un olmo seco: que en esta época del año me quedo boquiabierta ante la fuerza de la Naturaleza, que renace y se abre paso, y todo lo cubre de vegetación y vida. Tengo la sensación de haber estado conteniendo el aliento durante todo el invierno, aguardando a que se produjera este milagro del que habla el poeta. Pobrecito, él pensaba en su jovencísima mujer, Leonor, que con solo dieciocho años estaba muy enferma de tuberculosis, cuando veía que, al árbol viejo, moribundo, le habían brotado algunas hojas verdes, y escribía: “Mi corazón espera también hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera”.
Veo los chopos y los sauces, y las flores de…